jueves, 30 de agosto de 2007
Memoria y ficcion
Inventamos recuerdos, contamos una historia por razones difusas, inacabadas, por ser amables, nos juzguen gratos o vean en nosotros a un buen tipo, un buen vecino, para creer de alguna forma que el mundo - el cotidiano, el único aprehensible, que sea o hagamos nuestro- se acompasa, nos acompaña con un gesto amable y nos tolera o incluso nos prefiere (a nuestro jefe si queremos unos días y resulta difícil decirlo así, a las claras, necesito unos días, y medimos y contamos cualquier historia rara), eso es lo que hacemos al recordar, qué otra cosa si no, contarnos una pequeña historia, una enorme epopeya, un disparate de lo que fue y cómo lo vimos, sobre cómo hubiese sido más memorable y todo lo incorporamos al recuerdo, así lo llamamos, y así llega (poco a poco o de repente) eso que recordamos, como una fábula o cuento o relato estructurado, con su voz y su tono y su ritmo y su cadencia, sus puntos de inflexión o de fuga.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario